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Altos niveles de calidad e higiene en los productos alimenticios son las principales exigencias del mercado actual. En muchos países del mundo, por la seguridad alimentaria se han desarrollado esquemas de normalización y certificación.
Altos niveles de calidad e higiene en los productos alimenticios son las principales exigencias del mercado actual. En muchos países del mundo, por la seguridad alimentaria se han desarrollado esquemas de normalización y certificación. El sector microempresarial productor de amaranto debe conocer esta reglamentación para incursionar y competir en mejores condiciones.
El consumidor del siglo XXI es más estricto en su alimentación. Las experiencias nutricionales pasadas, el desarrollo tecnológico y científico para analizar y evaluar los productos alimenticios, así como una mayor democratización de la información, hacen que las personas “ya no se coman el cuento”. Los consumidores ahora se preguntan y exigen respuestas tanto del productor-comercializador, como de las entidades estatales.
Ante estos requerimientos sociales, instituciones gubernamentales de distintas naciones del mundo han desarrollado esquemas de normalización y certificación que sirven de guía para la producción alimentaria actual.
¿Qué es la normalización?
En términos generales, la normalización es el proceso mediante el cual se regulan las actividades desempeñadas por los sectores tanto privados como públicos, en materia de salud, medio ambiente en general, seguridad al usuario, información comercial, prácticas de comercio, industrial y laboral. Esta regularización establece la terminología, la clasificación, las directrices, las especificaciones, los atributos, los métodos de prueba o las prescripciones aplicables a un producto, proceso o servicio.
¿Qué es la certificación?
Es el procedimiento por el cual se asegura que un producto, proceso, sistema o servicio se ajuste a las normas, lineamientos o recomendaciones de organismos dedicados a la normalización nacional o internacional.
Por un lado, estos dos esquemas posibilitan y aseguran el derecho del consumidor ante el producto que compra. Por otro, constituyen para el sector productivo las herramientas para conocer las prácticas y normas de higiene para incursionar y competir en mejores condiciones en los mercados alimenticios nacionales e internacionales.
La producción de amaranto, que constituye una de las actividades productivas alternativas más viables y competitivas en México, no puede obviar este conjunto de normas.
La inminente introducción al comercio mundial del amaranto y sus derivados, obliga a que estos productos sean alimentos sanos, de alta calidad, nutritivos, sabrosos, y sobre todo, inocuos.
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