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La ciencia y el mercado transparentan su eterna interrelación. Hoy en día, la investigación y su expresión en innovaciones tecnológicas –cada vez más y mejores-forman parte de las nuevas ventajas comparativas empresariales. La transferencia de tecnología, para el micro empresario de amaranto, resulta un instrumento vital para mejorar su capacidad productiva y competitiva en el comercio mundial.
La tecnología viene a marcar la diferencia entre las empresas e industrias del mundo. No podemos seguir produciendo con técnicas rudimentarias o artesanales o poco productivas; la transferencia de tecnología selectiva avanzada, es un asunto de “vida o muerte”.
No incluirse en este proceso de innovación tecnológica, que conlleva obligatoriamente la introducción de factores de calidad e inocuidad en las cadenas productivas, significa en estos tiempos, dejar de existir en el mercado mundial.
Para muchas empresas latinoamericanas estas nuevas exigencias resultan un verdadero desafío impreso en las entrañas mismas de sus culturas. Inclusión de ciencia y tecnología avanzada y por ende de innovaciones constantes -transferencia tecnológica selectiva- nunca fueron requerimientos para el desarrollo de productos en América Latina, incluido México, “gracias” al proteccionismo estatal del siglo anterior.
Actualmente la apertura comercial, la eliminación arancelaria, el mercado mundial en sí, arrasa con las tradicionales formas de producción y comercialización; donde la tecnología utilizada cobra un papel vital en productividad y calidad del producto terminado.
Ya no puede competir con ventajas favorables ni siquiera en su propia ciudad ( ni por la cercanía geográfica o la tenencia de recursos naturales propios) debido a la presencia de marcas de todos los colores y sabores de numerosos países del mundo que están en una real y agresiva competencia por captar al consumidor local: precios más baratos, con mayor factor tecnológico y más variados, y por supuesto la novedad de ser un producto extranjero.
¿Qué hacer frente a este nuevo entorno económico, señor/a microempresario de amaranto?
Ante todo, incorporar la ciencia y la tecnología en la cultura comercial individual y nacional, unificando el concepto de ciencia y mercado (como siempre lo han hecho los países desarrollados). En base a ésta convicción transferir tecnología selectiva en torno a la cadena productiva del amaranto; entendiendo que hoy en día la utilidad es otra: generar mayor valor agregado a sus productos, que atribuyan a éstos un valor diferenciado. Hacer el esfuerzo necesario.
En términos generales, la transferencia tecnológica (TT) es un instrumento indispensable para crear y fortalecer cadenas productivas “en los sectores económicos vinculados a la
tecnología de vanguardia, así como en los recursos naturales donde existe un alto potencial económico, o que todavía son estratégicos en los niveles tecnológicos actuales “(1).
Para el recurso amaranto se cumplen estas condiciones: existencia en México de los recursos naturales para el cultivo de este vegetal y la elaboración de productos terminados de alta tecnología.
Además, en estas dos últimas décadas se han desarrollado investigaciones de gran alcance científico en torno a la cadena productiva del amaranto, en materia de agronomía, biotecnología, tecnología de alimentos, nutrición, desarrollo sustentable, entre otros. Solamente hace falta informarse, conocer y relacionarse inter-institucionalmente para transferir tecnología.
Antes de exponer el engranaje entre ciencia y mercado, las nuevas ventajas comparativas “creadas”, es necesario precisar que la transferencia de tecnología no es un hecho puramente técnico o de innovación que se pueda desligar de la organización social, empresarial e institucional donde se pretende implantar.
A más de la técnica, del material o del proceso transferido se trata de crear “verdaderos sistemas nacionales o regionales de creación de tecnología basados en una toma competitiva, una formulación estratégica que permita alcanzar posiciones competitivas sostenibles”(2).
Exigencia para todos: la ciencia, parte integrante de las fuerzas productivas
Hoy por fin se visualiza para “todas” las naciones y empresas del mundo la relación directa
e imprescindible entre ciencia y mercado; el efecto detonador de la investigación y la tecnología en los sectores y actividades económicas del orbe.
En estos últimos años, la ciencia y la tecnología se han elevado a calidad de elementos estratégicos dentro de los planes de desarrollo sostenible de distintos países del mundo, separándose un poco de la retórica; y sobre todo en el existir mismo de las empresas.
La tecnología es ya “reconocida” como un elemento vital de la cultura humana ( desde la cotidianidad hasta la gran complejidad), abarcando conceptos esenciales como: procesos, sistemas, técnicas, métodos, instrumentos, herramientas, productos, patentes, además de la capacidad y la experiencia necesaria para la óptima utilización de los mismos.
El progreso tecnológico se torna irrefrenable, muchas veces sobrepasando la necesidad misma del consumidor, y debido a presiones del mercado el tiempo entre el descubrimiento y su expresión en innovaciones técnicas se hace cada vez menor a la vez que el tiempo de vida media de cada tecnología también se hace menor.
Esta nueva edificación de la realidad que viene a ser netamente comercial y científica (en
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(1) Arnold Belkin, “A través de la tecnología”.
(2) Joseph Casanovas, “Nivel tecnológico, transferencia de tecnología y la cooperación al desarrollo”.
términos de poder), lleva a que la tradicional cadena de interacción entre la ciencia, la
técnica, la producción y el mercado cambien sustancialmente, obliga a “todas” las empresas
de países industrializados, en vías de desarrollo y del tercer mundo a reestructurar sus sistemas científicos para optimizar los mecanismos de interacción entre sus eslabones.
El fin: mantener su presencia en el mercado internacional.
La investigación científica se ha transformado en una actividad global –y no puede ser de otra manera-, tornándose prioritaria la reorganización de las condiciones de trabajo en los distintos centros de investigación.
Dentro de esta innovación, se lograría además contar con un nuevo tipo de investigadores y agentes productivos, mejorando la capacidad de artesanos, técnicos y administradores de categoría intermedia, que afronten eficientemente la intensa competencia.
Con el redescubrimiento del amaranto en la década de los 80, este recurso natural originario de México tiene una gran potencial económico y científico. A partir de este año las investigaciones científicas en torno a nuevas tecnologías para el cultivo, recolección, transformación y aplicación industrial del amaranto se multiplican cada vez más.
Los microempresarios de amaranto, están obligados a la vinculación de estas líneas de investigación tecnológica en sus cadenas productivas mediante operaciones de transferencia tecnológica. Con la diversificación de estas investigaciones más mecanismos de cooperación o centros de consultoría interinstitucionales nacionales e internacionales, la brecha tecnológica se reduce en relación a otros productos presentes en el mercado, y sobre todo se abaratarían los costos dentro de la cadena.
A más de la incorporación de la comunidad científica en el aprovechamiento integral del amaranto, es sumamente importante la difusión de estas investigaciones e innovaciones tecnológicas entre “todos” los productores, empresarios e industriales de amaranto, así como entre las instituciones dedicadas a esta labor.
México, India, Argentina, Chile, Estados Unidos, Alemania, Perú, están a la vanguardia en investigación de los potenciales usos del amaranto y en el desarrollo de nuevas tecnologías.
Recuerde, ciencia y tecnología van de la mano en su quehacer productivo y comercial.
Investigación y Tecnología, nuevas ventajas comparativas
Como se señaló al inicio, actualmente “el éxito o fracaso económico de las empresas, industrias, países y aun regiones enteras, depende mucho de la capacidad para desarrollar y/o aprovechar ventajas comparativas, particularmente las conocidas como “dinámicas” o ´creadas´”(3).
Y en esta innovación y supremacía de las nuevas ventajas comparativas, la ciencia y la tecnología son de las más importantes dentro del mercado global.
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(3) La industrialización y la política tecnológica en México tecnología y competitividad
Ruta: http://www.cidac.com.mx/libroscidac/tecnologia/Cap-4.PDF
En el siglo anterior, en la mayoría de países del mundo, sobre todo en los subdesarrollados y en vías de desarrollo, ventajas comparativas eran entendidas como las circunstancias o condiciones de carácter geográfica o física que podía favorecer en algún aspecto a una nación específica en relación a las demás, referente a la producción o al mercado.
En ese mismo contexto, rentabilidad mercantil significaba cuantiosos márgenes de utilidad
para el empresario sin necesidad alguna de incurrir en costos adicionales que implicara un mayor nivel de calidad, seguridad alimentaria, el empleo de tecnología más avanzada –mediante transferencia o propia generación- , una mejor capacitación de la mano de obra, si todo esto significaba reducir el margen de ganancia.
Nadie nunca exigió estos factores en el producto terminado.
Ingenuo y hasta necio sería pensar, que hoy un empresario del siglo XXI deslinde aún estos factores de calidad de sus cadenas productivas, y además el seguir creyendo que por el sólo hecho de comercializar un producto en la misma localidad del productor o empresario las ganancias van a ser más cuantiosas.
Las ventajas dinámicas o creadas responden a un propósito preconcebido y a un esfuerzo eficaz orientado hacia su generación y explotación, emprendido concertadamente por los sectores público y privado.
“La habilidad para importar y adaptar eficientemente tecnología extranjera, la presencia en cantidad suficiente de ingenieros y técnicos verdaderamente competentes, la disposición de mano de obra adiestrada para tomar parte en procesos productivos que incorporen
tecnología moderna, la capacidad de generar tecnología competitiva- que permita explotar eficientemente los recursos naturales propios- y el liderazgo tecnológico en campos bien definidos, constituyen ventajas comparativas probadamente decisivas dentro de la competencia en el contexto del mercado global”(4).
Los países denominados “dragones asiáticos” Japón, Corea del Sur y Singapur constituyen ejemplos significativos del uso adecuado e inteligente de estas nuevas ventajas.
Para entender de mejor manera el establecimiento de estos factores competitivos, es necesario ampliar la correlación existente entre el mundo de la ciencia y la tecnología y la gestión, partes integrantes de “un mismo todo cultural”.
Según Drucker, la gestión es entendida como el conjunto de operaciones que constituyen la interfase entre personas y tecnología, en otras palabras la gestión de la tecnología, la cual involucra el determinar cómo gestionar la investigación para que sea eficaz, y principalmente generar una concepción de que la tecnología no es efectiva en sí misma: sino debe convertirse en productos, procesos y prácticas.
En el caso del amaranto, una industria relativamente nueva y con excelentes potencialidades de ser explotadas y alcanzar grandes márgenes de competitividad, se
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(4) Ibid.
torna fundamental la gestión de la tecnología: la transferencia, adaptación, difusión e innovación tecnológica.
Lo vital: transferir tecnología acorde a las necesidades locales y exigencias del mercado
Las naciones en vías de desarrollo así como las del tercer mundo no pueden seguir el juego
de la pseudo cooperación de los países del primer mundo.
De la obsoleta o experimental transferencia de tecnología hacía los países menos desarrollados (que por siglos vienen recibiendo estos países, en una suerte de relación desigual y de subordinación), ahora estamos en la obligación de hacer el esfuerzo necesario para transferir tecnología adaptable a los requerimientos actuales del mercado y seguir con un proceso real de desarrollo de tecnología propia.
En este nuevo marco de acción que el gobierno nacional, así como las instituciones educativas superiores o centros de investigación y sobre todo las empresas están en el deber de llevar a cabo, la transferencia tecnológica en paquetes es muy importante. Debe mostrarse la conexión entre las diferentes tecnologías y conocimientos, no basándose exclusivamente en tecnologías puntuales, “sino en paquetes integrados y sostenibles”.
Los microempresarios de amaranto, que por ejemplo se dedican al reventado del grano, tienen que sumarse al uso de quemadores eléctricos industriales que son los más opcionales para conseguir aceptables parámetros de calidad e inocuidad en el producto.
Así también la transferencia de tecnología en la cadena productiva del amaranto, como se ha mencionado, implica también conocimiento, investigaciones, información, coordinación entre las distintas instituciones, empresas e industrias dedicadas a esta labor.
Reiteramos, con una mentalidad abierta (ciencia más mercado, indisolubles) la inversión necesaria (existiendo paquetes de transferencia de tecnologías blandas y efectivas) y sumando factores más bien políticos (como políticas fiscales e impulso real a la investigación y la tecnología), se pueden empezar a generar conocimientos y productos competitivos.
No deje de existir, haga el esfuerzo necesario para transferir tecnología.
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