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  Un Panorama Mundial del Cultivo del Amaranto
    La producción de alimentos atraviesa una crisis en el ámbito mundial. El crecimiento poblacional obliga a crear nuevos métodos de cultivo y producción que amplíen el espectro de la alimentación humana y que sobre todo, ofrezcan productos de alta calidad nutritiva. El amaranto es una opción.


Esta nueva valoración alimenticia ha llevado a numerosos científicos a experimentar con diversos cultivos con el propósito de elevar los niveles de nutrición de la humanidad. Esta es una de las razones que llevó al estudio del amaranto, como un alimento alternativo para diversificar la base alimenticia.

Así, a partir de la década de los ochenta agrónomos e investigadores mexicanos y de todo el mundo se dedicaron a impulsar la producción del grano, elevando la superficie sembrada de 500 ha en 1983, a 1 500 en 1986., a 1800 en 2000 con una producción total de 2 700 toneladas.

Otras instituciones mexicanas se sumaron a esta labor como el Colegio de Posgraduados de Chapingo, el Instituto Nacional de la Nutrición, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales y Agropecuarias, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma Chapingo y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, entre otras.

Datos actuales del INFIAP revelan que el país cuenta con un importante banco de germoplasma, que hasta 1993 contaba con 495 registros. Aunque algunos datos indican que el apoyo para el cultivo y la investigación del amaranto ha decrecido durante la última década.

Existen ochenta especies de amaranto, pero solo tres de ellas son cultivadas estas son: hipochondriacus, nativa de México; A. cruentus, oriunda de Guatemala y el sureste de México; y la A. Caudatus, proveniente de América del Sur. Todas estas especies tienen usos múltiples pero varias de ellas son graníferas, hortícolas, tintóreas, medicinales, ornamentales y otras, malezas.

Perspectivas internacionales

El amaranto es un cultivo que tiene un enorme potencial debido a sus múltiples cualidades que resultan óptimas en muchas áreas como la industria alimenticia y la medicina natural.

Por estas razones el cultivo de amaranto se ha difundido en muchas partes del mundo como es el caso de China donde su consumo surge a partir de la década de los ochenta.

En estas tierras del Lejano Oriente, el amaranto se fue convirtiendo en un producto para hacer fideos, panqueques y dulces. Hoy en día, China cultiva más de 150 hectáreas y además cuenta con uno de los bancos de germoplasma más importantes del mundo.

La India también consume este producto y lo utiliza en la tradicional comida hindú. Este país constituye un centro de producción secundario de amaranto y cuenta con el segundo banco de germoplasma más importante del planeta.

En otros países como Estados Unidos de Norteamérica se han llevado a cabo estudios sobre esta planta de origen prehispánico para determinar sus valores alimenticios y nutritivos. A partir de 1970, entonces, se inicia este recorrido por las cualidades del amaranto y con el objeto de estudiarlo a profundidad se creó la Fundación y el Centro de Investigación Rodale. En Iowa, por ejemplo, se conserva una colección de germoplasma de amaranto que para 1999 contaba con 3 400 registros de variedades provenientes de todas las latitudes. Con todo esto, los cultivos se han incrementado en los últimos años y el interés por conocer sus propiedades se extiende por todo el mundo.

En Sudamérica también se han realizado estudios del amaranto, tal es el caso de Perú. Existen datos que para el año 2000 se cosecharon 1 800 hectáreas y se produjeron 2 700 toneladas, con esto para el primer semestre del 2001, la producción aumentó en un 50% con respecto al período del año anterior.

Ya en tierras mexicanas, el amaranto tomó fuerza a partir de la década de los ochenta, notándose un retroceso en la década de los noventa con superficies menores a las 900 hectáreas y producciones inferiores a las mil toneladas. Todo esto porque muchos agricultores desconocen la actividad productiva-comercial real del amaranto y los beneficios de reforzar el mercado local para vender al mundo.

El amaranto tiene un enorme potencial para competir con cualquier cereal común y posee un alto valor agregado, pero su área de producción necesita ser ampliada para desarrollar un mercado industrial y económico.

Los cultivadores a más de responder a la tradición prehispánica del amaranto deben responder a una planeación de mercado para hacer del amaranto un producto vendible. Es decir, difundir sus cualidades, qué lo hace diferente de otros cereales comunes y sobre todo, por qué comprar este producto aparentemente “nuevo”.