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La competitividad es el principal reto que enfrentan hoy en día, las empresas a nivel mundial. Cumplir con los requisitos de calidad, cantidad y continuidad en el suministro de productos, son los requerimientos fundamentales. La solución: desarrollar una nueva cultura empresarial con conciencia social, basada en la información, organización, capacitación e integración empresarial.
En estos tiempos de extrema competencia, el aislamiento no constituye protección alguna ante el feroz comercio mundial.
La economía global coloca a las empresas agroalimentarias de los países en vías de desarrollo y del tercer mundo, en una situación de alta fragilidad. La apertura de mercados, la liberalización de aranceles, la tenencia tecnológica de equipos productivos como redes informáticas de los países desarrollados, las nuevas exigencias en calidad e inocuidad, entre otros factores, llevan a un replanteamiento integral en las tradicionales formas de producir, de organizarse y comercializar.
Esta reconfiguración sistémica, se fundamenta en el desarrollo de una nueva cultura empresarial, donde se revalora el papel del empresario y se le suscribe una responsabilidad social. Lo más importante, promueve la calidad, la mejora continua, el aprendizaje y la asociación empresarial.
El concepto de responsabilidad social implica la inclusión de valores éticos, con el fin de que las empresas adopten prácticas de gestión responsables ante la sociedad, el medio ambiente, trabajadores, clientes, proveedores y gobierno.
Estos nuevos parámetros dentro de la productividad misma, deben insertarse desde los niveles educativos básicos, fomentándose la formación de emprendedores locales.
Atrás queda el aislamiento para la búsqueda de nueva ventajas comparativas. Los empresarios del primer mundo, y ahora los nuestros, han identificado que para el desarrollo de sus aparatos productivos y comerciales, la respuesta es la integración: tanto a nivel de sector, en las cadenas alimenticias de exportación, como en sistemas agroalimentarios con destino a las grandes ciudades.
Así, cada vez más se observa una mayor integración vertical entre supermercados, detallistas, empresas productoras de alimentos y agricultores, basada en la necesidad de garantizar la calidad de los productos, un abastecimiento continuo y precios más competitivos.
El desarrollo empresarial en México, enfocado desde esta nueva perspectiva, involucra a los distintos actores del aparato productivo nacional, en todo su espectro: productores, trabajadores, empresas y empresarios, agentes financieros, estados y municipios, gobierno nacional.
Respecto a las estrategias del gobierno, se encuentra el programa de desarrollo empresarial 2001-2006.
Uno de los temas tratados concierne a las mejoras regulatorias que permiten a las empresas contar con un marco jurídico y normativo favorable para su desarrollo. El ente responsable de viabilizar la eliminación de regulaciones innecesarias, simplificar y abreviar tiempos para la ejecución de trámites y operación de las empresas, es la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (COFEMER).
Entre otros puntos básicos del programa, están el fomento de una nueva cultura crediticia en el empresario y la cultura de calidad y productividad, el acceso a consultorías básicas y especializadas, desarrollo de proveedores y distribuidores.
En este entorno, los comercializadores y empresarios de amaranto, así como todos los agentes de las distintas cadenas productivas, tienen en la cultura empresarial, una herramienta para mejorar la competitividad de sus actividades productivas.
Recuerde, que el paso inicial para incorporarse en estos nuevos parámetros del desarrollo empresarial, es superar la actitud individual y el terror a la pérdida del control.
Información
Estar bien informados, es uno de los pilares dentro de las ventajas comparativas, tan buscadas hoy en día por cualquier empresa.
Ubicados en nuestra realidad, donde la constante es el alto número de micro, pequeñas y medianas empresas (MPyMEs) tradicionales y nuevas, el acceso a la información y consecuentemente el manejo de la misma, genera y desarrolla márgenes competitivos.
Conocer el mercado, las experiencias desarrolladas en su propia actividad, su posición con respecto a la competencia, la normatividad, los trámites administrativos aplicables a su actividad y las oportunidades inmediatas de negocio, entre otros aspectos, es el paquete informacional básico que toda empresa debe manejar.
Con la tecnología informática y las comunicaciones inmediatas a distancia desarrolladas en estos últimos años, surge una nueva perspectiva en el campo de la información.
Del simple concepto tradicional de acceso a datos, se incorporan las modalidades de capacitación y medios más eficientes para realizar negocios de manera directa, conocido como el comercio electrónico, lo cual producen ventajas competitivas adicionales en las empresas que utilizan esta alternativa tecnológica.
A esto se suma, una característica muy importante, la información reduce los costos asociados a la toma de decisiones, por ejemplo en el desarrollo de nuevos productos, al introducirse con un conocimiento de causa, basada en la información recibida de filiales o instituciones especializadas, de los gustos y preferencias de los consumidores.
No es lo mismo basarse en estudios de mercado ya realizados, que pueden obtenerse por un costo reducido, como el financiar un estudio de mercado propio.
Promover la generación, distribución y uso de información económica y empresarial se torna fundamental, como un objetivo estratégico.
En este afán, el gobierno estatal ha instrumentado un sistema de información, Contacto PyME, que permite al empresario y al emprendedor tener conocimiento sobre: cadenas productivas, opciones de financiamiento adecuadas a las MPyMEs, oportunidades de inserción en las cadenas productivas y de comercio nacional y de exportación, alternativas de asesoría y capacitación, herramientas y aplicaciones informáticas de utilidad para las MPyMEs, entre otras.
Otro instrumento gubernamental, constituye el perfeccionamiento del actual padrón del Sistema de Información Empresarial Mexicano (SIEM), establecido por la Ley de Cámaras Empresariales y sus Confederaciones, en 1996.
A este sistema de información se le quiere dar un carácter útil, completo, de aceptación general y de acceso público, que permita la vinculación entre empresas, la promoción de negocios, y sobre todo, sea la base para el desarrollo y actualización de programas dirigidos a conocer la composición de las cadenas productivas, la localización geográfica de las empresas.
Organización
El viejo adagio, “de que solo unidos vencerán”, en este marco global de mercados abiertos cobra una relevancia suprema.
Con la diversificación de los mercados, que supera los nichos tradicionales y fortalece el aparecimiento de nuevos nichos especializados para productos de mejor calidad y con mayor valor agregado, el trabajo individual de una empresa se torna imposible.
A esto cabe añadir, la competencia despiadada de las grandes multinacionales, el vertiginoso desarrollo tecnológico que demanda cada vez mayor innovación, así como las exigencias en cuanto a calidad e inocuidad que despliegan todo un espectro de regulaciones para los productos, hacen que las empresas comiencen a organizarse.
Es que los micro, pequeños y medianos empresarios, incluso industrias fuertes nacionales, no pueden enfrentar solos estos nuevos retos.
Para lograr resultados positivos, se han visto en la necesidad de crear formas idóneas de organización y mecanismos para fortalecer la capacidad de gestión y administración empresarial.
A pesar de que la organización de los distintos sectores productivos no es ninguna novedad, en estas últimas dos décadas, el fortalecimiento de las mismas se ha visto materializada en asociaciones de todo tipo. La organización empresarial tradicional siempre ha buscado la promoción de los productos, mediante ferias, exposiciones, entre otras estrategias.
La cadena agroalimentaria que comprende la producción-industrialización y comercialización de un producto, es revitalizada con el enfoque organizacional.
Así, es indispensable establecer vínculos nuevos y más fuertes dentro de la cadena, dando un mayor énfasis a la calidad de los productos y a las materias primas, formando relaciones comerciales más estrechas y sólidas entre sus distintos actores (agricultores, procesadores, distribuidores y detallistas).
Existen diversos esquemas de organización que permite a los comercializadores organizarse y obtener las ventajas de trabajar en conjunto, como son las compras en común, consolidación de oferta, apoyos financieros y crediticio, etc.
Integración
“Nunca será posible tener todo el conocimiento (de nuevos mercados, nuevos productos, nuevas necesidades, etc) ni todo el capital necesario para las inversiones que se requieran. Es imprescindible la cooperación entre las empresas: grandes, medianas, pequeñas, nacionales, incluso entre las rivales en diversas partes y en distintos aspectos”. Araceli Rendón y Silvia Pomar.
En la historia de la humanidad, la integración, operativizada en las alianzas, constituye una de las formas más antiguas de actividad en los negocios. A finales del siglo XIX, las alianzas eran consideradas nocivas para el desarrollo de la competencia por el monopolio productivo que esto representaba.
Actualmente, la integración se ubica como una forma de permanencia y crecimiento de las empresas, principalmente de las micro, pequeñas y medianas.
Tres son los factores que hacen indispensables a las alianzas, que pueden ser aplicables en los procesos de integración:
• La convergencia de las necesidades y preferencias del consumidor,
• La dispersión de la tecnología, y
• La importancia de los costos fijos.
El primer factor exige que los bienes y servicios estén a disposición de manera inmediata del consumidor ¿será posible construir empresas filiales propias en todas las partes del mundo?. Respecto al segundo punto, el desarrollo tecnológico y su rápida dispersión requieren de la realización del producto, de constante conocimiento, información e innovación. Así también, el aumento de los costos fijos difícilmente pueden ser absorbidos por una empresa, así sea de las más poderosas en términos económicos o tecnológicos.
En estas nuevas condiciones, resulta imposible la operación de las empresas de manera aislada. Integrarse y realizar alianzas, resulta lo más estratégico.
En términos generales, las alianzas consisten en el establecimiento –formal o informal- de relaciones entre empresas que incluyen transacciones y la puesta en común de recursos intelectuales y/o materiales, con objetivos determinados que benefician a los participantes.
Entre los objetivos mas importantes están el compartir riesgos, acceder a la tecnología, disminuir costos en la investigación y el desarrollo tecnológico, acceso a nuevos mercados, control de canales de distribución, ampliación de cuota de mercado, etc (1).
Sin embargo, las alianzas no implica necesariamente armonía y solución de controversias.
Las alianzas pueden seguir una dirección horizontal, vertical o conglomeral. La vertical, que para efectos de la integración nos interesa, consiste en la vinculación de empresas integrantes de una cadena productiva (proveedores o compradoras de otra).
Y es, desde la inserción de las cadenas productivas agroalimentarias como un sistema integrado, en que pueden lograrse ventajas comparativas.
Para México, como para otros países de la región, la integración de las MpyPEs, se presenta como una estrategia de conjuntar capacidades: gerenciales, materiales, financieras, de creatividad.
En términos de comercio interior y exterior, los comercializadores deben buscar esquemas para lograr su inclusión en procesos de integración productiva, como el desarrollo de proveedores y distribuidores, así como procesos de exportación, calidad, certificación, normativización, y continuidad en el suministro de productos que exigen los mercados internacionales.
El gobierno, por su parte ha emprendido estrategias de articulación e integración económica que busca el fortalecimiento de las vocaciones productivas locales y regionales.
Capacitación
Una vez organizadas e integradas, el siguiente paso es la capacitación y la consulta básica y especializada que mejora la gestión, calidad y productividad de las empresas.
Y para capacitar dentro de la nueva cultura empresarial, los mismos sistemas de integración así como las políticas gubernamentales e institucionales particulares han potencializado distintas estrategias para este fin.
En el programa estatal de desarrollo empresarial 2001-2006, se promueve el fortalecimiento de la capacitación y formación empresarial, especialmente en el desarrollo de conocimientos y competencias necesarias para emprendedores, empresarios, directivos y trabajadores de las empresas.
Al respecto del acceso a consultorías básicas (que representan una opción de bajo costo) y especializadas, esto se logrará, según el programa, mediante a poyos económicos directos que permitan a las MpyMEs, mejorar sus procesos de administración, producción y calidad, a fin de cumplir con las normas y certificaciones internacionales, además, de realizar estudios de mercado para facilitar sus posicionamientos en los mercados externos.
En este campo de las asesorías, se brindará este tipo de servicio a los emprendedores, para desarrollar sus proyectos con base en estudios de factibilidad técnica, comercial y financiera, que sustenten la viabilidad del proyecto. En este esfuerzo, el FONAES trabaja con organizaciones sociales de escasos recursos en el medio rural y de los grupos urbanos.
Frente al requerimiento de desarrollar medios que faciliten el tránsito de la información, capacitación, asesoría y oportunidades y planes de negocio, con servicios accesibles para las MpyMEs, aparecen los Centros de Vinculación Empresarial.
En suma, los nuevos replanteamientos que lleva el desarrollo de una nueva cultura empresarial para Latinoamérica, se suscribe a las nuevas relaciones empresa-sociedad, donde se facilita la efectividad en el desempeño productivo, orientándose a la generación de riqueza en todos los sentidos.
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(1). Araceli Rendón y Silvia Pomar, “Las alianzas en el desarrollo y fortalecimiento de las empresas”, 1999.
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