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Encontrado en: http://www.amaranto.org.mx

Certificación de los Productos de Amaranto


Portal del Amaranto El Amaranto Centro de Certificación

Competir en el mercado mundial, significa competir en términos de calidad. El reconocimiento de este atributo en los productos no lo otorga ni el agricultor, ni el empresario o comercializador: solo es garantizado a través de un organismo certificador.

La certificación constituye una herramienta vital de comercialización para los productos de amaranto, genera un valor agregado y es la llave para el comercio exterior.

El mercado mundial ésta a la vuelta de su casa, como en el otro extremo del planeta.

Con la globalización, la liberalización e integración de los mercados en cualquier espacio geográfico-social se está librando una batalla comercial: productos de todo el mundo compiten por penetrar en los gustos y preferencias del consumidor.

¿Cómo conseguir los gustos y preferencias del consumidor? ¿Cuáles son las herramientas a utilizarse?

Después de haber sido engañado en muchas ocasiones, el consumidor está consciente de que ”no todo lo que brilla es oro”; no basta la etiqueta, el origen, la naturaleza del producto o quien produce para garantizar el consumo de un producto.

Desde estas experiencias, desconfía del entramado comercial y exige más calidad, inocuidad, limpieza ambiental; busca un sistema en el cual confiar fuera de cualquier agente productivo.

Los sistemas de normalización y certificación, desarrollados en estos últimos años por los estados nacionales y organismos internacionales, aparecen para reestablecer la confianza del consumidor, y promueven nuevos parámetros de competitividad en el mercado.

La normalización es el proceso mediante el cual se regulan las actividades desempeñadas por los sectores tanto privado como público, en materia de salud, medio ambiente en general, seguridad al usuario, información comercial, prácticas de comercio, industrial y laboral a través del cual se establecen la terminología, la clasificación, las directrices, las especificaciones, los atributos, las características, los métodos de prueba o las prescripciones aplicables a un producto, proceso o servicio.

La certificación por su parte, es el procedimiento por el cual se asegura que un producto, proceso, sistema o servicio se ajusta las normas, lineamientos o recomendaciones de organismos dedicados a la normalización nacional e internacional.

En términos comerciales, la certificación sirve al productor para diferenciar su producto de sus similares. “Es una gestión voluntaria del productor que va más allá de la ley, la cual exige que el producto sea inocuo, es decir no contenga riesgo alguno para la salud humana. Desde este punto de vista, la certificación visible para los consumidores a través de un Sello de calidad, es una herramienta de comercialización”(1), y también de comunicación, evitando el uso de mensajes poco transparentes.

En los países industrializados de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, la certificación de los productos es el principal requerimiento para el ingreso a sus mercados y su consiguiente comercialización.

Las normas de la Organización Internacional de Estándares, ISO 9000 (calidad en la producción, distribución, mercadeo, inspección, etc) e ISO 14000 (respecto a calidad en gestión ambiental) constituyen las principales garantías de aceptación mundial en el mercado, y comercialmente generan un valor agregado en los productos. Así por ejemplo, en el nicho de productos orgánicos al ser éstos certificados, el sobre precio de los productos es de un 25 a 30%; lo cual remunera notablemente los costos de certificación, que a veces se torna un limitante (2).

¿Quién no pagaría más, y hablemos de compradores con gran poder adquisitivo, por un producto que certifica su calidad alimenticia?

En América Latina, a pesar de no existir una cultura normativa continental, en esta última década se han generado procesos importantes en este sentido.

Los organismos de certificación, que son acreditados generalmente por instituciones nacionales, tienen entre sus funciones evaluar, mediante inspecciones frecuentes de unidades de verificación en el proceso productivo integral, que efectivamente el producto responde a las características de calidad que ostenta y que cumple con todas las condiciones preestablecidas en los pliegos de condiciones.

En el caso de productos NO conformes, su función se debe limitar a cuestionar la confianza depositada en el sistema de producción y de control del propio productor y consecuentemente, si esta situación no se invierte, se procede a denegar o suspender la certificación. Es decir, el organismo certificador debiera actuar en teoría como “auditor puro”.

Sin embargo, en la práctica, las normas o pliegos de condiciones pueden estar muy enfocadas sobre el control e imponen a las certificadoras inmiscuirse en labores que ellas no tendrían que intervenir, por ejemplo: rechazando lotes o brindando labor de asesoría técnica (3).

A pesar de esta condición de los sistemas de certificación en nuestros países, ésta se torna irremediablemente fundamental ante la competencia local de escala mundial y como se dijo, en los mercados internacionales.

En este contexto, los productos de amaranto a más de las valiosas cualidades y propiedades intrínsecas que presentan, necesitan incorporar dentro de sus estrategias productivas y de comercialización sistemas de certificación, para lograr reales ventajas comparativas en el mercado mundial, y de manera obligatoria para conseguir la preferencia del consumidor nacional e internacional –quien es mucho más exigente-.

Y dentro de estas preferencias del consumidor internacional, que actualmente tiende por lo exótico y tradicional, el amaranto y sus productos tienen una herramienta comercial hecha a su medida: los sistemas de sellos de calidad que tienen tres atributos: Denominación de Origen, la Especialidad Tradicional Garantizada y la Producción Orgánica.
Tres categorías que irrefutablemente coinciden con el amaranto: “la necesidad de resguardar las tradiciones productivas y culinarias, de proteger la autenticidad de los productos y de privilegiare un tipo de agricultura respetuosa del medio ambiente” .

Finalmente recordemos, que la credibilidad (adscrita tácitamente a la certificación de calidad e inocuidad) es vital en estos mercados globalizados.
El mercado y el consumidor no perdona errores.

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(1) Jean-Claude Pons, “El marco conceptual de la certificación”, 2001.
(2) Una alternativa para reducir los costos de certificación constituye “la certificación participativa”. Este sistema se ha desarrollado en Brasil e incluye en el proceso de certificación todos los actores de manera voluntaria, principalmente los consumidores, así se puede verificar la conformidad del producto sin costos. Este sistema puede servir de base para la certificación formal de los productos orgánicos a nivel local.
(3) Conferencia electrónica, ruta Ruta: http://www.rlc.fao.org/foro/alimentos/aporte.pdf

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